Los Membrillos, Distima. (2025)

Guitarras que mueven aire.

Para mí, el rock se captura moviendo aire en una habitación, no emulando circuitos en una pantalla. Cuando empecé a trabajar con Los Membrillos en su álbum Distimia, supe que estábamos en la misma página. Este disco es el resultado de un respeto absoluto por el oficio: un trabajo que se planificó con tanto cuidado desde la preproducción que, antes de encender la consola, ya sabíamos al 90% hacia dónde íbamos.

El muro de sonido: apilar micrófonos, no tomas.

El sello de identidad de Distimia es, sin duda, la densidad de sus guitarras. En el shoegaze y el rock atmosférico, la tentación moderna es grabar una toma y duplicarla digitalmente diez veces. Nosotros fuimos por el camino de la vieja escuela, el que de verdad suena con carácter.

Para lograr ese muro de sonido masivo, configuramos una cadena de captura analógica pura:

  • Dos amplificadores en simultáneo: Dividimos la señal de la guitarra para alimentar dos amplis sonando al mismo tiempo en la sala, buscando que interactuaran entre sí y con la acústica del estudio.

  • Mover aire: La riqueza y el grosor de las guitarras no vino de saturar el software con infinitas pistas idénticas. Vino de colocar una multitud de micrófonos estratégicamente posicionados frente a los amplificadores.

Cada micrófono capturó un color, una frecuencia y una distancia diferente. Al combinarlos en la consola, logramos un sonido tridimensional, orgánico y con un peso que jamás te va a dar un plugin. Distimia es la prueba de que cuando una banda ensaya, tiene las ideas claras y se encierra en un estudio real a capturar la verdad de sus instrumentos, la música trasciende.